viernes, 26 de junio de 2015

"Medjugorje: Apariciones no serían sobrenaturales"

           Una imagen de la Virgen de Medjugorje. Foto Wikipedia Beemwej (CC-BY-SA-3.0)

"ROMA, 25 Jun. 15 / 06:02 pm (ACI).- Un vaticanista filtró la decisión de la Santa Sede sobre las presuntas apariciones de la Virgen de Medjugorje en Bosnia Herzegovina. Luego de investigar por varios años los hechos, el Vaticano declararía que no hay eventos sobrenaturales; pero permitiría que los fieles sigan peregrinando al lugar.
Aunque el Vaticano no ha dado una fecha para anunciar oficialmente la decisión del Papa Francisco sobre este caso, Gianluca Barile publicó en su blog “Diario de un vaticanista” que ayer hubo una asamblea de la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF). Tras la reunión, el presidente de este dicasterio, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, habría dicho que la única concesión para Medjugorje es ser “reconocido como un lugar de oración porque Dios sabe recoger allí donde no siembra”.
En cuanto a lo demás, indica Barile, el juicio de la CDF sobre “estos fenómenos ha sido completamente negativo”.
El vaticanista indica que para el dicasterio las supuestas apariciones a los seis videntes de Medjugorje “no tienen ninguna sobrenaturalidad y por eso se prohíbe que los fieles participen en los ‘éxtasis’ de los seis ‘videntes’ y a estos últimos se les prohíbe divulgar los textos de los mensajes que dicen recibir de la Virgen”.
Además la parroquia de Medjugorje no se convertiría en Santuario y los obispos no podrán acoger a los “videntes” como tales y los fieles no deberán reconocerlos tampoco de esa forma.
Para Barile la severidad del Vaticano se debería a “los intereses económicos” de los “videntes” que han invertido dinero en albergues y agencias de viaje, entre otros; además de su “desobediencia mostrada ante el Obispo de Mostar, su diócesis, ante el Papa y la Comisión Ruini”, que creó Benedicto XVI para investigar las supuestas apariciones.
En declaraciones al diario italiano Il Giornale, una de las “videntes”, Vicka Ivankovic, dijo que espera “con serenidad y tranquilidad lo que será la posición del Papa. Estoy en plena obediencia a la Iglesia y la Virgen me ha dicho que no me preocupe”.
La última palabra corresponde ahora al Papa Francisco que ya tiene toda la información sobre este caso.
El sábado 6 de junio, de regreso de su viaje a Sarajevo y en la habitual rueda de prensa a bordo del avión papal, el Papa Francisco afirmó que la comisión vaticana que estudió las supuestas apariciones marianas en Medjugorje “ha hecho un buen trabajo”.
En marzo de 2010, bajo el pontificado de Benedicto XVI, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) creó la Comisión Internacional de investigación sobre Medjugorje, presidida por el Cardenal Camillo Ruini.
El Santo Padre dijo que “han hecho el estudio y el Cardenal Ruini ha venido a mí y me ha entregado el estudio después de tantos años, no sé, tres o cuatro años más o menos… han hecho un buen trabajo”.
“Estamos ahí, para tomar decisiones y después se dirán... Solamente algunas orientaciones de los obispos, pero se tomarán algunas líneas”, añadió.
Tras días después y sin mencionar a Medjugorje el Papa dijo en su homilía de la Misa que preside cotidianamente en la capilla de la Casa Santa Marta que andar pendiente de “videntes” para saber qué les dirá en “la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde” no es parte de la identidad cristiana, sino que la diluye.
Francisco advirtió a los fieles que hay dos caminos que diluyen el testimonio cristiano. “hay algunos que siempre necesitan novedades en la identidad cristiana y olvidan que han sido elegidos, ungidos”, que “tienen la garantía del Espíritu” y que “buscan: ¿dónde están los videntes, qué nos dice hoy la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde? – Por ejemplo ¿no? Y viven de esto. Esta no es identidad cristiana. La  última palabra de Dios se llama ‘Jesús’ y nada más”.
Fuente: ACI PRENSA

jueves, 5 de febrero de 2015

PERDÓN.

¿Podemos perdonar cualquier ofensa?
Podemos y debemos. El Padrenuestro dice “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quien nos ofende”. Con ello, Jesucristo nos indica que debemos perdonar porque esta acción nos enriquece espiritualmente.

¿Tenemos que perdonar aunque no nos pidan perdón?
Siempre. Cuando nosotros perdonamos a alguien que nos ha ofendido, le restituimos su dignidad y ello hace que nosotros mismos también podamos ser dignos de recibir el perdón.

¿Cómo debemos perdonar los cristianos?
Es conocida la cita de C.S. Lewis: “No hay caridad cristiana, sino mera justicia, al disculpar lo excusable. Para ser cristianos, debemos perdonar lo inexcusable, porque así procede Dios con nosotros”. Dice Benedicto XVI: “perdonar no es olvidar, sino transformar”.

¿Dios perdona solo a través del sacramento de la confesión?
Sí. Solo Dios perdona los pecados. El sacerdote lo hace porque Dios se lo ha confiado y es en Su nombre en el que lo hace. En realidad, al confesarle los pecados al sacerdote, se los estamos diciendo al propio Cristo.

¿Quedamos totalmente limpios tras recibir la absolución y llevar a cabo la penitencia?
Sí. El fruto de la confesión, “no es sólo la remisión de los pecados, necesaria para quien ha pecado. Produce una verdadera resurrección espiritual, una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad con Dios”, afirmaba el beato Juan Pablo II. La Misericordia de Dios deja nuestra alma limpia y resplandeciente.

¿Dios nos perdona aunque no le pidamos perdón?
Los límites del mal los pone la Divina Misericordia. Esto no implica que todo el mundo se salve automáticamente por Misericordia de Dios, disculpando así todo pecado, sino que Dios perdonará a todo pecador que acepte ser perdonado. Afirma Benedicto XVI: “el perdón, la superación del mal, pasa por el arrepentimiento. Y si el perdón constituye el límite al mal (¡cuántas lecciones se podrían sacar de esta verdad para superar los conflictos armados!), la libertad condiciona, en cierto modo, a la Divina Misericordia”.

Mis pecados, ¿afectan a los demás?
Si bien todo pecado es personal, porque es un acto de libertad de un hombre en particular, es, al mismo tiempo, social. Recordaba el beato Juan Pablo II que “en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás”.

¿Qué podemos hacer si, aun queriendo, no somos capaces de perdonar una ofensa?
Dios promete que, cuando venimos a Él, pidiéndole perdón, nos lo concede gratuitamente. Cuando nos cueste, tenemos que pedirle al Corazón de Jesús que nos introduzca en “su horno ardiente de caridad”, para conseguirlo.

¿Tengo que pedir perdón si mi intención era buena?
Basta con que hayamos hecho daño para tener que pedir perdón. Lo importante es saber con qué he ofendido al otro… mucho más allá de mi intención.

¿Qué diferencia hay entre el perdón de Dios y el perdón humano?
El perdón humano es en sí mismo impotente e ineficaz, porque es algo exterior a la falta, puede pasar por alto la ofensa, olvidar, pero no puede borrar la mancha contraída por el ofensor. El perdón divino es omnipotente y eficaz; aniquila la falta, perdona la pena, borra la mancha, llega hasta las profundidades de nuestro ser para recrear en nosotros un corazón puro y renovar en nuestras entrañas el espíritu de rectitud. Y por si esto fuera poco, nos devuelve todas las riquezas sobrenaturales que por el pecado habíamos perdido.

¿Podemos vivir sin perdonar?
Claro que no. Dice San Juan Crisóstomo que “nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar”. Es la lección de los mártires: mientras los fusilaban repetían palabras de perdón. El Beato Cruz Laplana, el Obispo absolvía a sus asesinos del pecado que estaban cometiendo. Si en circunstancias extremas ellos pudieron, ¿nosotros, no?

viernes, 12 de septiembre de 2014

Nuestra Señora de los Dolores


A lo largo de su vida, Nuestra Señora tuvo alegrías y dolores. Grandes alegrías, grandes dolores...

La cuaresma, sobre todo la Semana Santa, y hoy, el día de su fiesta, es una época oportuna para acompañar los dolores de Nuestra Señora. Lo invitamos a usted para estar al lado de la Virgen Dolorosa en los siete dolores que ella tuvo. Aunque los dolores fueron muchos, no solamente siete.

Aquí están los episodios de los Santos Evangelios. Ellos formaron el camino de dolores de la Hija amorosa de Dios Padre que sufrió en su alma padecimientos semejantes a los de la Pasión de su Divino Hijo.

Es imposible comparar los dolores que Ella sufrió junto a Jesús. Ninguna criatura vivió con tanto amor esos dolores. Además, ¡sólo Ella puede ser llamada corredentora! ¡Solo Ella puede ser llamada Omnipotencia Suplicante!

Unamos nuestros dolores imperfectos a los sufrimientos de Ella. Considerando los padecimientos de la Madre Dolorosa, encontraremos la fuerza para soportar las dificultades de nuestro día a día, tendremos fuerza para subir a lo más alto de nuestro propio Calvario.

Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora

La Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora recuerda los principales dolores que la Virgen María sufrió en su vida terrenal, culminando con la pasión, muerte y sepultura de Su Divino Hijo. Y es junto a la Cruz que la Madre de Jesús se torna Madre de todos los hombres y del cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia Católica.

Unirse a los dolores de María es unirse también a los dolores de Nuestro Señor Jesucristo.
Al inicio se reza el Credo, el Padre Nuestro y 3 Ave Marías. Para cada dolor de María debe rezarse 1 Padre Nuestro, 7 Ave Marías y 1 Gloria al Padre.



Primer Dolor de Nuestra Señora: Presentación de Jesús en el Templo y la profecía de Simeón:

Al presentar al Niño Jesús en el Templo, Simeón los bendijo y dijo a María su madre: He aquí que éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal de contradicción, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma (Lc 2, 34-35)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Segundo Dolor de Nuestra Señora: La Huida a Egipto

Después que ellos partieron, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José, diciendo: "Levántate; toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.

Entonces José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi hijo. (Mt 2, 13-14).

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Tercer Dolor de Nuestra Señora: La pérdida del Niño Jesús en el Templo

Una vez acabados los días de la fiesta, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén; y sus padres no lo supieron. Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y le buscaban entre los parientes y los conocidos. Como no le encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole.

Aconteció que después de tres días, le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas. Cuando le vieron, se maravillaron, y su madre le dijo:

- Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia.

Entonces él les dijo:

-¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? Pero ellos no entendieron el dicho que les habló. Descendió con ellos y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. (Lc 2, 43-50)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Cuarto Dolor de Nuestra Señora: El encuentro con Jesús camino al Calvario

Uno de los momentos más punzantes de la Pasión es el encuentro de Jesús con Su Madre en el camino del Calvario. Las lágrimas que María derramó, el cambio de miradas con su Hijo, la constatación de las crueldades que Él estaba sufriendo, todo ocasionaba un inmenso dolor en Su Corazón de Madre.



Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Quinto Dolor de Nuestra Señora: María queda de pie junto a la Cruz de Jesús

María acompañó de cerca todo el sufrimiento de Jesús en la Cruz y asistía de pie a su muerte: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofás y María Magdalena”. (Juan 19, 25)


Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Sexto Dolor de Nuestra Señora: María recibe el cuerpo de Jesús muerto en sus brazos

Nuestra Señora de la Piedad, es así como el pueblo católico invoca a María en este momento de la Pasión. “Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con las especias, de acuerdo con la costumbre judía de sepultar”. (Juan 19, 40)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Séptimo Dolor de Nuestra Señora: María deposita a Jesús en el Sepulcro

El sepulcro de su Divino Hijo fue el último dolor que María sintió durante la Pasión: “En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto había un sepulcro nuevo, en el cual todavía no se había puesto a nadie. Allí, pues, por causa del día de la Preparación de los judíos y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”. (Juan 19, 41-42)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.


Privilegios para quien practica esta devoción:

En una revelación particular a Santa Brígida – debidamente aprobada por la Iglesia – Nuestra Señora promete conceder siete gracias para quien, cada día, rece siete Ave Marías en honra de sus dolores y lágrimas:

Aquí están las promesas:

  Pondré paz en sus familias;

 Serán iluminados sobre los Divinos Misterios;

 Serán consolados en sus penas y los acompañaré en sus aflicciones;

 Todo lo que pidan será concedido, con tal que nada se oponga a la voluntad adorable de Mi Divino Hijo y a la santificación de su alma;

Iré a defenderos en los combates espirituales contra el enemigo infernal y serán protegidos en todos los instantes de su vida;

Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Santísima Madre;

Obtuve de mi Hijo que, los que propaguen esta devoción (La de Mis Lágrimas y Dolores), sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna, directamente, pues todos sus pecados serán borrados y Mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El Nombre que desarma y abre el corazón de Dios, en favor de los hombres


 El Nombre que desarma y abre el corazón de Dios, en favor de los hombres

Nos añadimos al Padre J. Guibert, que así se expresa en su Meditación para la fiesta del Santo Nombre de María: “El nombre de María desarma el corazón de Dios. No hay pecador, por más criminal, que pronuncie en vano ese nombre. Aunque mereciese, por sus faltas, toda la cólera del cielo, él queda protegido como por un pararrayos, después que pronuncia el nombre de María”.

A este nombre, el perdón desciende infaliblemente sobre las almas de los pecadores, no porque Ella tenga el derecho de concederlo, pero porque es omnipotente para implorarlo – Omnipotencia suppex. El nombre de María abre el corazón de Dios y pone todos sus tesoros a disposición del alma que lo invoca.

La historia nos enseña que una multitud de Santos piadosos hicieron el voto de jamás rechazar una limosna que les fuese pedida en tal o cual nombre. Así que escuchaban el nombre amado, ellos siempre daban hasta el último óbolo y hasta sus propias ropas.  El nombre de María tiene ese poder mágico sobre el corazón de Dios.  Dios Hijo, Jesucristo, entrega todo lo que tiene a aquellos que les extienden la mano en nombre de su Madre; Dios Padre, fuente de toda riqueza, concede toda gracia a aquellos que mendigan delante suyo, invocando el nombre de su Hija Bien amada. (…)

Nombre de salvación y de alegría

El nombre de María es un nombre salvador, sobre todo en los peligros de orden moral. ¡Cuántas tentaciones fueron vencidas, cuántos pecados evitados, cuántos corazones inmundos purificados, cuántas penosas confesiones extraídas de almas que se creían para siempre cerradas!

Es también un nombre de consolación y de alegría. Él disipa la tristeza en el alma que lo pronuncia. ¿Tienes miedo de Dios y de su juicio? Pensad en María e invocad su nombre: vuestra confianza en Dios renacerá. ¿Tienes miedo de los hombres, delante de los cuales te cubriste de vergüenza y perdiste la reputación? Pensad en María e invocad su nombre: y no tendréis más recelo de levantar los ojos delante de vuestros semejantes. ¿Os aplasta el peso de la humillación o del dolor físico? Pensad en María, invocad su nombre y seréis aliviados. ¿Temes a la muerte horrible que rompe y pone fin a todo? Pensad en María, invocad su nombre y tendréis el coraje de aceptar ese supremo sacrificio.


“Este nombre tiene más virtud que el de todos los nombres
de los Santos para consolar a los débiles, curar a los enfermos,
iluminar a los ciegos, ablandar corazones endurecidos, fortificar
a los que combaten, animar a los cansados
y derribar el poder de los demonios”.

Nombre de fuerza

El nombre de María, en definitiva, es un nombre de fuerza. Cualesquiera que sean los enemigos que os amenazan, vengan ellos del Infierno, como el demonio que os tienta; o vengan del mundo, como los adversarios que os persiguen, invocad el poderoso nombre de María y a todos venceréis.

Cualesquiera que sean vuestras propias flaquezas, provengan ellas del orgullo, de la envidia, de la sensualidad o de la pereza, confiad vuestro débil corazón a la solicitud de la Virgen, invocad el poderoso nombre de María y os venceréis a vosotros mismos.

Precioso tesoro de la Santísima Trinidad

Recogiendo opiniones de los santos Doctores sobre el nombre de María, San Juan Eudes nos trae esta admirable síntesis:

“El nombre de María, dice San Antonio de Padua, es júbilo para el corazón, miel para la boca y dulce melodía para los oídos”.

“Bienaventurado el que ama vuestro nombre, Oh María (es San Buenaventura quien habla), porque este santo nombre es una fuente de gracias que refresca el alma sedienta y produce frutos de justicia”.

“Oh Madre de Dios, dice el mismo Santo, qué glorioso y admirable es vuestro nombre. El que lo lleva en su corazón se verá libre del miedo de la muerte. Basta con pronunciarlo para hacer temblar a todo el infierno y expulsar a todos los demonios. Los que desean poseer la paz y la alegría en el corazón, que honren vuestro santo nombre”.

“El nombre de María, dice San Pedro Crisólogo, es nombre de salvación para los regenerados, señal de todas las virtudes, honra de castidad; es el sacrificio agradable a Dios; es la virtud de la hospitalidad; es la escuela de santidad; es, por fin, un nombre completamente maternal”.

“Oh amabilísima María, exclama San Bernardo, ¡vuestro santo nombre no puede pasar por la boca sin abrazar el corazón! Los que os aman no pueden pensar en Vos, sin un consuelo y un gozo muy particular. Nunca entras sin dulzura en la memoria de los que os honran”.

“Oh María, dice San Abad Raimundo Jordán, llamado el Idiota, la Santísima Trinidad os dio un nombre que, después del de vuestro Hijo, está por encima de todos los nombres; nombre a cuya pronunciación deben doblar las rodillas todas las criaturas del Cielo, de la tierra y del Infierno, y toda lengua confesar y honrar la gracia, la gloria y la virtud del santo nombre de María. Porque, después del nombre de vuestro Hijo, no hay quien sea tan poderoso para asistirnos en nuestras necesidades, ni de quien debamos esperar más ayuda de la que necesitamos para nuestra eterna salvación”.

“Este nombre tiene más virtud que el de todos los nombres de los Santos para consolar a los débiles, curar a los enfermos, iluminar a los ciegos, ablandar corazones endurecidos, fortificar a los que combaten, animar a los cansados y derribar el poder de los demonios” (…).

Escuchemos a San Germán de Constantinopla: “Al igual que la respiración, dice, es no sólo el signo, sino también la causa de la vida, así que cuando véis cristianos que con frecuencia tienen el santo nombre de María en sus bocas, es señal que están vivos con la verdadera vida. El cariño especial que tienen para este sagrado nombre, da vida a los muertos, conserva la vida y los llena de gozo y bendición”.

En una palabra, quien dice María, dice el más precioso tesoro de la Santísima Trinidad, como afirma Orígenes. Quien dice María, dice el más admirable ornamento de la casa de Dios. Quien dice María, dice la gloria, el amor y las delicias del Cielo y de la Tierra.

Nombre terrible para los demonios

Concluímos con estas fervorosas palabras del venerable Tomás de Kempis, respecto del glorioso nombre de la Madre de Dios:

Los espíritus malignos tiemblan ante la Reina de los Cielos, y huyen como se corre del fuego, al escuchar su santo nombre. Les causa pavor el santo y terrible nombre de María, que para el cristiano es en extremo amable y es constantemente celebrado.

No pueden los demonios comparecer ni pueden poner en juego sus artimañas donde ven resplandecer el nombre de María. Como el trueno que resuena en el cielo, así caen derribados al escuchar el nombre de Santa María. Y cuanto más a menudo se profiere este nombre y más fervorosamente se invoca, más rápido y más lejos se escapan.





Nombre que debe ser continuamente invocado

De otro lado, los Santos Ángeles y los espíritus de los justos se alegran y se regocijan con la devoción de los fieles, al ver con cuánto afecto y frecuencia celebran esta memoria de Santa María, cuyo glorioso nombre aparece en todas las iglesias de la tierra, especialmente en las consagradas en su alabanza. Y es justo y digno que encima de todos los Santos sea honrada en la Tierra la Madre de Dios, a quien los Ángeles veneran todos a una sola voz, con sublimes cantos.

Sea por tanto el nombre de María venerado por todos los fieles, siempre amado por los devotos, vinculado a los religiosos, recomendado a los seglares, anunciado por los predicadores, infundido a los afligidos, invocado en todos los peligros.

(Clá Dias, João – Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción Comentado, Artpress, São Paulo, 1997, p. 299 a 303)