miércoles, 14 de septiembre de 2016

Colombia: Sobre el Proceso de Paz Monseñor Libardo Ramírez Gómez

Monseñor Libardo Ramíres, Obispo Emérito de Garzón.
"El argumento fundamental para aprobar a toda costa el acuerdo de paz que se pretende firmar entre el Gobierno de Santos y las Farc es el de terminar 60 años de derramamiento de sangre por la acción de ese grupo guerrillero. Esto es algo que se anhela, y oponerse a ello, lo muestra el Presidente como algo “irracional”. Tendría razón si ese “a toda costa” no pusiera en el fiel de la balanza graves interrogantes sobre concesiones que se quieren dar a quienes han perpetrado crímenes atroces, no reconocen la gravedad de esos hechos y se ufanan de haberlos realizado bajo el amparo del “derecho a la rebelión”.
Allí está el punto de reflexión ante Dios y ante la patria. Es preciso ponderar un bien tan grande como es la paz, pero hay que sopesarlo con las concesiones que se hagan a unos violentos no contritos. A quienes se quiere perdonar su pasado, cualquiera que fuere, y blindarlos para que no sean perseguidos por la justicia. Se quiere darles anticipada absolución de sus crímenes catalogando todo como “delitos políticos no punibles”.
Rechazar verdaderos caminos de paz con arrepentimiento de crímenes y de abusos que se hayan cometido, reconciliación con clara garantía de no volver al pasado criminal, aceptación de principios de verdadero progreso social como los enseñados por el cristianismo y acogidos en la Constitución de Colombia de 1991 sería algo, ciertamente, “irracional”. Si se hacen acuerdos con respeto a la Carta Magna, sin modificaciones precipitadas, rechazar algo basado en esos cimientos insustituibles sería algo verdaderamente “irracional”. Pero creer que se construye verdadera paz sin esas bases inconmovibles, es buscarla sobre piso deleznable que llevará, sin duda, a impensables desastres.
Colocar en el fiel de la balanza el bien de la paz, con sus innumerables beneficios en lo social y lo económico, y las concesiones que minarían ese resultado, puesto que conducen claramente a situaciones de anarquía y dominio de impenitentes sustentadores de ideas materialistas y anarquistas, es lo que debemos ponderar serenamente. Hay que adelantar procesos de paz, pero bien cimentados, con decisión clara de proscribir métodos violentos, de aceptar responsabilidad de crímenes, responder ante la justicia por ellos, contribuir a la reparación de las víctimas y entrar a contiendas electorales sin privilegios, acudiendo a voto popular realmente libre. De lo contrario, si se firma sin esas bases con un grupo y quedan vivos los otros y bien fortalecidos, estos seguirán pidiendo los mismos beneficios como condición de nuevos tratados de paz.
Hay que aceptar que no estar de acuerdo con el giro que va tomando lo que se va pactando en La Habana no es oposición irracional a la paz, sino patriótica advertencia de evitar ir por un camino que lleve a la prolongación de la guerra. Hay que aceptar que la oposición al proceso que se viene adelantando no es simple capricho personal frente al presidente Santos ni ante la verdadera paz, sino una manera de caminar cuando no se vislumbran claros horizontes. Es imposible, por ello, llegar a acuerdos cuya condición sea plegarse a condiciones inaceptables bajo el chantaje de volver a una guerra fiera en campos y ciudades. No es sensato pedir rotundamente un no sin conocer el texto definitivo de los acuerdos, pero pedir votar ciegamente por un sí, en estas circunstancias, con una campaña a todo timbal por el Gobierno, es algo precipitado e irrespetuoso con la Nación. Serenidad, claridad y firmeza en no aceptar condiciones que lleven a perpetuar la guerra; esto es defender racionalmente una verdadera paz".


Monseñor Libardo Ramírez Gómez
*Obispo emérito de Garzón
monlibardoramirez@hotmail.com

Fuente: Noticias El Tiempo

jueves, 14 de julio de 2016

México: No teman abandonar el culto a la "santa" Muerte


No teman abandonar el culto a la "santa" Muerte
Afirma exorcista en México
No hay que tener miedo a escapar de sus garras, lo sabemos gracias a la Palabra de Dios.


Engañados con la idea de que la adoración a la Santa Muerte está relacionada con la fe católica, algunos fieles, bajo la promesa de que recibirán numerosos beneficios al rendirle honores, se inician en el culto de su veneración; adquieren dijes, estampillas y pinturas que la representan; figuras de yeso que colocan en un altar; le llevan ofrendas para mantenerla contenta, e incluso hay quienes llegan a tatuársela.

Sin embargo, suele suceder que al tiempo, ya por enterarse de que esta imagen nada tiene que ver con Dios, ya porque su vida sólo ha empeorado desde que comenzaron a adorarla, desean abandonar el culto; pero aquí se les presenta un gran problema: sus iniciadores les han advertido que de no guardarle lealtad absoluta, recibirán severos castigos. ¿Qué se le puede decir a una persona que se halla en esta situación tan tormentosa?

El Padre Jil Portilla, exorcista para la II Vicaría de la Arquidiócesis de México y especialista en el tema, habla al respecto en la revista mexicana Desde la fe. Señala que muchísima gente ha sido engañada con el rito de la adoración a este idolillo de la muerte, que en realidad no es ninguna santa; han caído en esa trampa de que recibirán de esa imagen numerosos favores -puntualiza el exorcista-, sólo por rendirle culto, creándole un altar en el que habrán de colocarle flores y alimento; sin embargo, les advierten que de renunciar a ella, caerá sobre ellos su venganza.
Señala Portilla que mucha gente, queriendo remediar sus problemas, acepta esa condición, sin saber que quien realmente se esconde detrás de esa imagen es el diablo, quien los ha comenzado a atormentar; cuando esto sucede, con frecuencia desean abandonar su culto, pero tienen miedo de renunciar a él por temor a sufrir las consecuencias. No obstante, señala el sacerdote, nadie debe temer a renunciar a ese idolillo mal llamado "Santa muerte"; es verdad que el demonio enfurece cuando alguien ya no le da culto a sus obras y busca asustarlo para que no renuncie e sus engaños, pues su intención es llevarlo al infierno del sufrimiento. Para no tener miedo a escapar de sus garras, tenemos como fundamento la Palabra divina: 
"el Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8)";
·       "Todo aquel que invoque el nombre del Señor se salvará… (Romanos 10:13)";
·         "Sométanse, pues, a Dios, resistan al diablo y huirá de ustedes (Santiago 4:7)"; "…
·         el diablo, como león rugiente, anda buscando a quién devorar, resístanle firmes en la fe… (1 Pedro 5: 8-9)".

Así que si alguien invoca el nombre de Jesús, Él lo defenderá de todas las obras del diablo, señaló el P. Jil Portilla. Agregó que en cuanto a los que se tatúan la imagen de la Santa Muerte han cometido dos faltas; la primera, tatuarse, pues el libro de Levítico establece esa prohibición, ya que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo; y la segunda, gravarse esa imagen, la cual deben quitarse de alguna manera, sin miedo, buscando pacientemente una forma de hacerlo, pues de seguir llevándola naturalmente continuarán sintiendo incomodidad.
Dijo que en lo referente a las imágenes que se hayan adquirido de ella, deben destruirse como todo objeto de superstición, rociándoles agua bendita, pidiendo al Señor su protección y rezando un Padre Nuestro y un Ave María para echar fuera el miedo a la venganza del maligno y quebrantar sus acechanzas; jamás deben tirarse enteras a la basura, para no correr el riesgo de que los recolectores se sientan tentados a tomarlas o les ocasione algún temor.

Asimismo, el P. Jil Portilla señaló que quienes aún piensan que el culto a la Santa Muerte está permitido por la fe católica, deben saber que Dios no es el autor de la muerte, lo cual señalan claramente las Sagradas Escrituras de las siguientes maneras: … Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su mismo Ser, pero la muerte entró en el mundo por envidia del diablo y la experimentan sus secuaces… (Sabiduría 2: 23-24); No busquen la muerte con los extravíos de su vida, no se atraigan la ruina con las obras de sus manos; ni fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes (Sabiduría 1:12-13), y la más convincente: por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así participó Él (Jesucristo) de las mismas para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir al diablo, y liberar a cuantos por temor a la muerte estaban de por vida sometidos a la esclavitud… (Hebreos 2:14-15).

Así que nadie debe engañarse, quien le da culto a la "Santa Muerte" le da culto a las obras del diablo; es decir, que no se debe relacionar a la fe católica con ese culto, finalizó.

Por: | Fuente: www.portaluz.org

domingo, 8 de mayo de 2016

En el vientre de una mamá habían dos bebés.

En el vientre de una mamá habían dos bebés... 
Uno preguntó al otro: "Tu crees en la vida después del parto?" El otro respondió: "Claro que si. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que vendrá más tarde" "Tonterías", dice el primero."No hay vida después del parto. Que clase de vida seria esta?" 
El segundo dice: "No lo se, pero habrá más luz que la hay aquí. Tal vez podremos caminar con nuestras propias piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora." El primero contestó: "Eso es un absurdo. Caminar es imposible. Y comer con la boca!? Ridículo!. El cordón umbilical nos nutre y nos da todo lo demás que necesitamos. El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible." El segundo insistió: "Bueno, yo pienso que hay algo y tal vez sea diferente de lo que hay aquí. Tal vez ya no necesitemos de este tubo físico."

El primero contestó: "Tonterías, además, de haber realmente vida después del parto, entonces por qué nadie jamás regreso de allá? El parto es el fin de la vida y en el pos parto no hay nada más allá de lo oscuro, silencio y olvido. Él no nos llevará a ningún lugar. "Bueno, yo no lo se", dice el segundo "pero con seguridad vamos a encontrarnos con Mamá y ella nos cuidará." 

El primero respondió: "Mamá, tu realmente crees en Mamá? Eso es ridículo. Si Mamá existe, entonces, dónde está ella ahora?" El segundo dice: "Ella está alrededor nuestro. Estamos cercados por ella. De ella, nosotros somos. Es en ella que vivimos. Sin Ella, este mundo no sería y no podría existir." Dice el primero: "Bueno, yo no puedo verla, entonces, es lógico que ella no existe." El segundo le responde a eso: "A veces, cuando tú estás en silencio, si te concentras y realmente escuchas, tú podrás percibir su presencia y escuchar su voz amorosa allá arriba."


Así es como un escritor húngaro explicó la existencia de Dios...

Virgen María, Inmaculada y Milagrosa Madre de Dios y Madre de los pecadores, protege a todas las madres del mundo y derrama tus gracias sobre cada familia.

viernes, 22 de abril de 2016

Si Dios existe, ¿Por qué no actúa ?

¡Salve María!
Y no es que solo vemos lo que pasa a nivel politico o gubernamental en nuestros pais... eso ya se sale de los conceptos de "existencia" filosofica. Vivimos (o por lo menos tratamos de vivir...) en un pais que "existe" de milagro; y esto ya es una prueba de la existencia de Dios. Que cosita cierto?
Ahora bien, sucede que en nuestro diario vivir la existencia de Dios la fundamentamos en nuestra vana y superficial conveniencia: Si me va bien: gracias a Dios!; y si me va mal y vivo salado para todo: Dios no existe o se olvido de mi... francamente! a donde hemos llegado por Dios que condicionamos la existencia de Él a partir de lo que pasa en "nuestro pellejo".
 
Que egoismo tan dramatico, exagerado y lunatico! Perdón pero es que me da coraje hasta conmigo mismo pues estas cosas pasan por la cabeza de cualquier ser humano y hasta por la cabeza de los que la llevan de adorno (me refiero a la que llevan la cabeza de adorno...)
(y el problema no está en que pase por las cabezas... el problema está cuando consentimos en esta seudorealidad existencial!)

También llegamos a ser tan ocurrentes que nos olvidamos que también puede pasar lo siguiente:

¿O resulta que su forma de actuar es distinta a nuestra conveniencia?
 
¿O será que actúa y no nos damos cuenta de que es Él?
 
¿O es que espera a que demos alguna señal de vida espiritual o de confianza filial?
 
¿O será que los que nos decimos creyentes y cristianos pasamos de largo como si la cosa no fuera con nosotros?
 

Y si el asunto deriva en tragedia las preguntas le echan en cara a Dios lo que ha sucedido:
Si existes ¿cómo puedes permitir esto?
 ¿Cómo puedes dejar de Tu mano a tantas personas?
 
¿Eres un ser cruel o un Padre?
 ¿Te importamos de verdad o nos dejas desvalidos y te diviertes con nosotros como si fuéramos unos juguetes rotos? Dios es el culpable. Si existe, claro. Las preguntas insisten, se reiteran millones de veces: ¿Cómo puedes permitir, siendo Dios, estos desastres naturales, por más sobrenaturales que sean los motivos? ¿Por qué no los paras, por qué no detienes Tu mano? ¿Por qué actúas así, con tanta saña?

Pero Dios actúa, ya lo creo que actúa. Su gracia se extiende por las almas, llama, perdona, reactiva, enciende, insiste y conspira para "emboscarnos" en su amor... y  nosotros:  nada de nada, pues hasta de estas tacticas divinas de enamoramiento logramos escaparnos.

Pero lo que en realidad sucede es que Dios no actúa sólo cuando a nosotros nos conviene o según pensamos que podría ser lo más adecuado. Su Amor sigue obrando milagros y pronunciando las bienaventuranzas. Su Amor sigue resucitando a los muertos, que hieden por el pecado. Su Amor sigue siendo omnipotente y sigue estando a nuestro lado, tan misericordioso como siempre. Se supone. Entonces, ¿qué le ocurre a Dios? ¿Se ha vuelto loco? ¿Cómo se entiende todo este cúmulo de desastres? El mundo parece huérfano, y anda angustiado e incrédulo. Trémulo, cariacontecido. Incrédulo de Dios porque de lo demás se lo cree todo. Lo que sea. Desde un mitin político a la magia negra. Un mundo descorazonado, perdido en disquisiciones que no llevan a ningún lado. Un mundo disfrazado en un constante carnaval de mentiras. Si Dios es Dios ¿por qué no actúa un poco más a la vista? Que haga el definitivo milagro, y nos libre del dolor “innecesario”; de la muerte, de la guerra, del hambre. Que dé de beber a los millones de sedientos con agua potable, y se deje de tanta espiritualidad. Eso ya vendrá luego.

Y así. Es como si para la gente Dios no diera una a derechas, y quisiéramos indicarle que se equivoca y que de esa otra manera podría ser mejor. Que se adecue Dios un poco, vamos, que ceda. Por eso ante el misterio de las hecatombes, ante la palpable muestra de nuestra nada, todo esto se intensifica. ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué puede permitir Él, que es Amor, unas calamidades semejantes, un sufrimiento tal? “Bendice alma mía al Señor”, reza alguien. Y otros, rabiosos, le tildan de sádico. Por decir que no quede. Lo que no saben es que Dios hace milagros constantemente. El primero mantenernos en la vida (dio la Suya a cambio), y respetar nuestra libertad, y esperar hasta el último momento nuestra respuesta… Y consuela millones de corazones, y sana, y habla. Pero Su lenguaje tiene infinitos registros. ¿No están ustedes un poco con la mosca detrás de la oreja? No quisiera ponerme excesivamente trascendental e impertinente. Sólo lo justo. Y mucho menos apocalíptico. Pero en un plazo de tiempo no muy largo estamos teniendo terremotos especialmente fuertes, tsunamis devastadores, inundaciones, corrimientos de tierras, tornados, vientos fortísimos, etc. Para muchos será obra del clima: algo anda mal, el hombre algo está haciendo muy mal (y no les falta razón); para otros es cosa de ciclos o de la casualidad, sin más; y para los que creemos en la Providencia ordinaria y extraordinaria todo responde a una lógica divina.

No hay nada más natural que lo sobrenatural. Dios ejerce de Dios. Dios ejerce de Padre, y tutela y perdona y se rodea cada día de millones de hijos pródigos. Pero también inspira y avisa. Soy de los que piensa que necesitamos de cuando en cuando que se nos zarandee un poco -o un mucho- las almas, para que despertemos de la modorra interior, del pasmo, de la abulia, del tedio, de la tibieza. Y permite hechos que nos parecen incomprensibles y “excesivos”. Pero Su justicia va a la par de Su misericordia. No podemos pensar que Dios permanezca indiferente en una sociedad de hombres no precisamente justos. ¿Quién se acordaba de Haití? Es más, una vez pasado el primer desconcierto y demás ¿quién se acuerda de Haití? Es un ejemplo. La Virgen avisó también desde Lourdes y desde Fátima de lo que podría pasar si los hombres no dejaban de pecar, de adorar a Satanás con sus obras. Y llegaron las dos guerras mundiales, y por un estricto odio a Dios llegó la Guerra Civil española (menos cuentos) y el Holocausto, los gulags y hasta la situación de orden publico en Colombia, la corrupción de algunos dirigentes sociales y según lo que dicen por Ahí... hasta los segundos mandatos... Y seguimos en las mismas: Dios no existe o tiene la culpa de todo lo que nos estorba. Francamente!!!

Dios actúa, ya lo creo que actúa. La paz es Su paz, se pongan como se pongan los capitostes del rencor y del odio. Dios vela por la Historia y vela por TODAS las almas, personalmente. Y estas catástrofes naturales que está padeciendo el mundo deberían servirnos para sacar algunas conclusiones, para despejarnos el alma de sandeces. Hay cosas que no podemos controlar, pero muchas otras sí, sobre todo nuestra elección en cada momento. Podemos elegir la verdad y el bien. Si el hombre no hace lo posible por mejorar, por salir de su egotismo enfermizo, el mundo tampoco mejorará. Si los desastres de la naturaleza asustan, más nos debería asustar la desolación de las almas. Estamos a tiempo de cambiar. Cada uno.
 
Y entonces cual es la moraleja?
Pues le rezamos y nos abandonamos en las manos de ese Dios que "existe" o no llegamos a ningún mañana.
Virgen de Fátima, ruega por nosotros!!!

Prometiendo oraciones por sus intenciones,
In Domina,
Hno. Camilo A. Gálvez L.
Heraldos del Evangelio
Medellín - Colombia