lunes, 8 de septiembre de 2014

El Nombre que desarma y abre el corazón de Dios, en favor de los hombres


 El Nombre que desarma y abre el corazón de Dios, en favor de los hombres

Nos añadimos al Padre J. Guibert, que así se expresa en su Meditación para la fiesta del Santo Nombre de María: “El nombre de María desarma el corazón de Dios. No hay pecador, por más criminal, que pronuncie en vano ese nombre. Aunque mereciese, por sus faltas, toda la cólera del cielo, él queda protegido como por un pararrayos, después que pronuncia el nombre de María”.

A este nombre, el perdón desciende infaliblemente sobre las almas de los pecadores, no porque Ella tenga el derecho de concederlo, pero porque es omnipotente para implorarlo – Omnipotencia suppex. El nombre de María abre el corazón de Dios y pone todos sus tesoros a disposición del alma que lo invoca.

La historia nos enseña que una multitud de Santos piadosos hicieron el voto de jamás rechazar una limosna que les fuese pedida en tal o cual nombre. Así que escuchaban el nombre amado, ellos siempre daban hasta el último óbolo y hasta sus propias ropas.  El nombre de María tiene ese poder mágico sobre el corazón de Dios.  Dios Hijo, Jesucristo, entrega todo lo que tiene a aquellos que les extienden la mano en nombre de su Madre; Dios Padre, fuente de toda riqueza, concede toda gracia a aquellos que mendigan delante suyo, invocando el nombre de su Hija Bien amada. (…)

Nombre de salvación y de alegría

El nombre de María es un nombre salvador, sobre todo en los peligros de orden moral. ¡Cuántas tentaciones fueron vencidas, cuántos pecados evitados, cuántos corazones inmundos purificados, cuántas penosas confesiones extraídas de almas que se creían para siempre cerradas!

Es también un nombre de consolación y de alegría. Él disipa la tristeza en el alma que lo pronuncia. ¿Tienes miedo de Dios y de su juicio? Pensad en María e invocad su nombre: vuestra confianza en Dios renacerá. ¿Tienes miedo de los hombres, delante de los cuales te cubriste de vergüenza y perdiste la reputación? Pensad en María e invocad su nombre: y no tendréis más recelo de levantar los ojos delante de vuestros semejantes. ¿Os aplasta el peso de la humillación o del dolor físico? Pensad en María, invocad su nombre y seréis aliviados. ¿Temes a la muerte horrible que rompe y pone fin a todo? Pensad en María, invocad su nombre y tendréis el coraje de aceptar ese supremo sacrificio.


“Este nombre tiene más virtud que el de todos los nombres
de los Santos para consolar a los débiles, curar a los enfermos,
iluminar a los ciegos, ablandar corazones endurecidos, fortificar
a los que combaten, animar a los cansados
y derribar el poder de los demonios”.

Nombre de fuerza

El nombre de María, en definitiva, es un nombre de fuerza. Cualesquiera que sean los enemigos que os amenazan, vengan ellos del Infierno, como el demonio que os tienta; o vengan del mundo, como los adversarios que os persiguen, invocad el poderoso nombre de María y a todos venceréis.

Cualesquiera que sean vuestras propias flaquezas, provengan ellas del orgullo, de la envidia, de la sensualidad o de la pereza, confiad vuestro débil corazón a la solicitud de la Virgen, invocad el poderoso nombre de María y os venceréis a vosotros mismos.

Precioso tesoro de la Santísima Trinidad

Recogiendo opiniones de los santos Doctores sobre el nombre de María, San Juan Eudes nos trae esta admirable síntesis:

“El nombre de María, dice San Antonio de Padua, es júbilo para el corazón, miel para la boca y dulce melodía para los oídos”.

“Bienaventurado el que ama vuestro nombre, Oh María (es San Buenaventura quien habla), porque este santo nombre es una fuente de gracias que refresca el alma sedienta y produce frutos de justicia”.

“Oh Madre de Dios, dice el mismo Santo, qué glorioso y admirable es vuestro nombre. El que lo lleva en su corazón se verá libre del miedo de la muerte. Basta con pronunciarlo para hacer temblar a todo el infierno y expulsar a todos los demonios. Los que desean poseer la paz y la alegría en el corazón, que honren vuestro santo nombre”.

“El nombre de María, dice San Pedro Crisólogo, es nombre de salvación para los regenerados, señal de todas las virtudes, honra de castidad; es el sacrificio agradable a Dios; es la virtud de la hospitalidad; es la escuela de santidad; es, por fin, un nombre completamente maternal”.

“Oh amabilísima María, exclama San Bernardo, ¡vuestro santo nombre no puede pasar por la boca sin abrazar el corazón! Los que os aman no pueden pensar en Vos, sin un consuelo y un gozo muy particular. Nunca entras sin dulzura en la memoria de los que os honran”.

“Oh María, dice San Abad Raimundo Jordán, llamado el Idiota, la Santísima Trinidad os dio un nombre que, después del de vuestro Hijo, está por encima de todos los nombres; nombre a cuya pronunciación deben doblar las rodillas todas las criaturas del Cielo, de la tierra y del Infierno, y toda lengua confesar y honrar la gracia, la gloria y la virtud del santo nombre de María. Porque, después del nombre de vuestro Hijo, no hay quien sea tan poderoso para asistirnos en nuestras necesidades, ni de quien debamos esperar más ayuda de la que necesitamos para nuestra eterna salvación”.

“Este nombre tiene más virtud que el de todos los nombres de los Santos para consolar a los débiles, curar a los enfermos, iluminar a los ciegos, ablandar corazones endurecidos, fortificar a los que combaten, animar a los cansados y derribar el poder de los demonios” (…).

Escuchemos a San Germán de Constantinopla: “Al igual que la respiración, dice, es no sólo el signo, sino también la causa de la vida, así que cuando véis cristianos que con frecuencia tienen el santo nombre de María en sus bocas, es señal que están vivos con la verdadera vida. El cariño especial que tienen para este sagrado nombre, da vida a los muertos, conserva la vida y los llena de gozo y bendición”.

En una palabra, quien dice María, dice el más precioso tesoro de la Santísima Trinidad, como afirma Orígenes. Quien dice María, dice el más admirable ornamento de la casa de Dios. Quien dice María, dice la gloria, el amor y las delicias del Cielo y de la Tierra.

Nombre terrible para los demonios

Concluímos con estas fervorosas palabras del venerable Tomás de Kempis, respecto del glorioso nombre de la Madre de Dios:

Los espíritus malignos tiemblan ante la Reina de los Cielos, y huyen como se corre del fuego, al escuchar su santo nombre. Les causa pavor el santo y terrible nombre de María, que para el cristiano es en extremo amable y es constantemente celebrado.

No pueden los demonios comparecer ni pueden poner en juego sus artimañas donde ven resplandecer el nombre de María. Como el trueno que resuena en el cielo, así caen derribados al escuchar el nombre de Santa María. Y cuanto más a menudo se profiere este nombre y más fervorosamente se invoca, más rápido y más lejos se escapan.





Nombre que debe ser continuamente invocado

De otro lado, los Santos Ángeles y los espíritus de los justos se alegran y se regocijan con la devoción de los fieles, al ver con cuánto afecto y frecuencia celebran esta memoria de Santa María, cuyo glorioso nombre aparece en todas las iglesias de la tierra, especialmente en las consagradas en su alabanza. Y es justo y digno que encima de todos los Santos sea honrada en la Tierra la Madre de Dios, a quien los Ángeles veneran todos a una sola voz, con sublimes cantos.

Sea por tanto el nombre de María venerado por todos los fieles, siempre amado por los devotos, vinculado a los religiosos, recomendado a los seglares, anunciado por los predicadores, infundido a los afligidos, invocado en todos los peligros.

(Clá Dias, João – Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción Comentado, Artpress, São Paulo, 1997, p. 299 a 303)
 

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